Creo que antes de nacer se hacen acuerdos, y se ponen metas, aprendizajes, etc. Si todo va bien, uno seguirá ese camino marcado; pero siempre se puede decidir sobre la marcha hacer cambios ya que el libre albedrío es una ley universal y ninguna ley se contradice, todas conviven por así decirlo. Pero determinados sucesos esenciales para el progreso espiritual están acordados de antemano y se te presentarán en tu vida lo quieras o no, porque cumplen una función de crecimiento espiritual importante para ti y tú elegiste ese acontecimiento. La meta es crecer espiritualmente, las casualidades no existen, todos somos uno y estamos conectados. No obstante, uno siempre podrá elegir no avanzar por mucho que se le presente X situación, aunque continuará repitiéndose eso hay que saberlo. Todo es un proceso evolutivo, nada es casualidad y el concepto de destino es un concepto humano. La realidad no es tan determinante, y le da igual que uno considere desde el ego que tiene que ser libre y que las cosas pasan porque sí o porque uno tiene más o menos suerte. Al final las cosas pasan por algo y siempre estamos avanzando, aunque nos estanquemos por la dificultad de determinados aprendizajes. Todos cumplen una función en tu vida, y tú cumples funciones en la vida de otros. Muchas situaciones son espejos de nuestros propios defectos o virtudes que no vemos, y lo vemos en el resto. Están ahí para ayudarnos a ver a pesar de que determinadas situaciones puedan parecernos injustas. De hecho anclarse en una injusticia es estancarse y no trascender, que ería el proceso del aprendizaje. Eso es lo que creo, aunque todo es más grande de lo que parece. Para mí haber nacido y seguir vivo no es fruto del azar.
No hablo sola, hablo con Dios.