Hace poquito tuve una experiencia de lo más extraña. No se muy bien como explicarla, ni tampoco como definirla. Es algo que me ocurrió desde el sentimiento, y desde ese punto entendí el funcionamiento de todo, entendí el mecanismo. Perdonad si algunas palabras no se ciñen a la definición pues es muy complicado trasladar ese sentimiento a palabras, y de hecho me ha sido complicadísimo. Me registro y cuento esto, para ver si hay personas que les ha pasado lo mismo que a mi, para poder buscar puntos similares o simplemente si pueden explicarlo con mejores palabras. Disculpad que me dilate y me vaya desde muy atrás pero de otra forma creo que no se entendería.
En enero de 1994, casi no había cumplido 4 años y mi bisabuelo, el abuelo viejo, falleció. Le tenía un tremendo aprecio. Era una persona significativa en la familia y el cariño de todos por lo sufrido y trabajado era reconocido cuanto menos.
Mi padre fue al entierro y mi madre, embarazada de unos pocos meses, se quedó conmigo. Aún recuerdo la conversación y mis preguntas insistentes:
- ¿Por qué no le podré volver a ver más? ¿Pero dónde está el cielo?
Y mi madre, como era normal, intentaba tirar balones fuera como podía.
Pasaron unos años y cerca de los años 2000, mi padre y mi tío me llevaron a una iglesia visigótica fuera se enterraron restos humanos y alguna vez se podía ver alguno. Mi padre cerca de una de las esquinas que daban al camino, empezó a sacar una mandíbula. Recuerdo que pregunté por aquello:
- ¿Por qué eran hombres? ¿Qué había sido de ellos? ¿Por qué los mataron? ¿Por qué existe la muerte?
Ninguno de los allí presentes me dio una respuesta convincente. Salvo atribuirlo a actos divinos. Desde esa noche hasta 2004, no volví a dormir solo. En el salón mientras mis padres veían la tele, con mi madre, con la luz dada escuchando la televisión de mis padres.
Sentía pavor a la muerte y no había nadie en su sano juicio que podía contentarme.
Ya en la adolescencia, recuerdo preguntas al profesor de religión y como a los profesores de filosofía los retaba en sus argumentos sobre la muerte. No estaban convencidos de lo que habían estudiado. Y yo eso lo sabía.
Pero no era algo, que mejorase un aspecto positivo de mi mismo, ni siquiera una condición de mi persona. La duda empezó a enquistarse y fue cuando tuve los primeros contactos con la muerte cuando la ira empezó a hacerse paso en mí.
Cuando mi tío falleció y vi a mi madre destrozada en la cama, la ira me daño tanto que cerro en mis las puertas del cariño y del amor. La muerte era inevitable e inentendible y, por tanto, decidí que el amor y el cariño eran consecuencia del dolor cuando llegaba la muerte.
Me convertí en implacable, en un ser que exigía a los demás ser fuertes para no sufrir. Una persona sin sentimiento alguno, que mordía, realista y pragmático.
No olvidaba mi pregunta sobre la muerte y no entendía por qué nadie investigaba la muerte a fondo:
- ¡Si es lo más importante! Llevan planeando tanto un día festivo y no se preguntan donde van a pasar la eternidad.
Pasaron lustros y me hice implacable, mido 1,90 tengo una espalda tremenda, también un IQ alto. Era implacable, un profesor en cada conversación y un pesado que daba vueltas a lo de siempre, implacable e infundía en depende quien miedo. Era un monstruo que hacía daño a los de su alrededor y a mí mismo.
También era alguien con valores y un tremendo respeto al mundo animal. En el 2021 adopte una gata preñada que dio lugar a varios gatos. Uno de ellos lo mato un perro y me dolió en el alma. Preparé una caseta, un recinto vallado a modo de gatera lo cerré, les ponía de comer a disposición, agua a disposición y cambiaba los areneros cada 3 días.
Pero uno de los gatos nació enfermo, no engordaba, no cambiaba de pelaje…primero tuvo conjuntivitis que conseguí erradicar, llame a un veterinario le pincho antibiótico y concluyo, tampoco sin mucha prueba, que era algo autoinmune.
Tres años y medio tenía cuando la nevada llego y me le encontré medio moribundo orinando, y decidí llevármelo a casa para que se recuperase.
Murió. Le estuve dando un día agua cada 3 horas y comida, pero su sistema neurológico hacía que se cayese. Me oía y maullaba, me veía y me reconocía.
Le di la última toma de agua a las 00:00 del sábado 22 de noviembre del 2025, y la anterior a las 22:00 horas. Me miró me reconoció, perdió su mirada y no volvió a pestañear. Le deje en su cama y no volvió a moverse. Había esperado a verme para morir.
En ese preciso instante mi mundo se rompió.
Dolor, juro que el dolor era pate de mi, puro dolor era lo que sentí y este fue el principio de la teoría del cuento.
Al principio sentí un dolor punzante, tanto que mi mundo se cayó. Le había fallado me había fallado, me inundaron los pudiera o pudiese, si el hubiera o hubiese hecho. CULPA. MUCHA CULPA.
El dolor, la culpa me hicieron buscar por internet la teoría, el por qué a la muerte, y lloré. Juro que lloré por todo en general, por la vida de enfermedad que le había tocado, porque me había esperado y quería morir con algún conocido. Por todo. El dolor me hacía daño, no era ya dolor había superado mi persona.
Lo último que leí, fue un: la muerte es un límite. Y ahí entendí. No puedo explicar que pasó, tampoco que es lo ocurrido, pero juro que entendí todo. Como si se revelarán las paginas del libro. Un sentimiento recorrió mi cuerpo y entendí. No sé explicar muy bien lo ocurrido, solo se que lo entendia. Seguía doliendo mucho pero lo entendia:
- El universo físico es donde se desarrolla el cuento. Con sus leyes físicas, biológicas etc. donde la ciencia tiene explicación matemática a todo lo acontecido. Es tangible y es real.
- La vida es la esencia del mismo universo. Nosotros, la gente somos los personajes del cuento. Existimos, vivimos y estamos conectados con todo.
- El dolor es el medio. Sin el la conexión o la compasión profunda no pueden sentirse en toda su intensidad, porque seguirían filtrados por miedo, orgullo o hábitos mentales. Es difícil de explicar, pero sin el dolor a la perdida de un ser querido no entiendes lo verdaderamente importante que era para ti. Lo podías querer mientras vivia, pero no era tan importante hasta que lo pierdes y te das cuenta, ahí entra el dolor como medio.
- Los valores como el amor son los valores a aprender, pero en su pureza máxima. No es el amor o el estar enamorado. Hablo del amor como la experiencia a aprender desde su forma más pura. Es difícil de explicar porque es un sentimiento, si el estar tremendamente enamorado tendría un valor de 1 a lo que me refiero con el amor puro es infinito. Ese amor es algo que trasciende en el tiempo en la forma en el espacio. Es la fuerza que hace que todo sentido, un hilo que une lo temporal con lo eterno, lo individual con el todo. No es algo puntual y pasajero.
- El núcleo es lo trascendental, donde se almacena toda esa información y que trascenderá. Un almacén de experiencias, aprendizajes sentimientos etc. Todo lo vivido va a ese núcleo la matriz del ser y de todo lo que tiene sentido profundo.
¿Y la muerte?
La muerte es el límite del todo. Sin ella nada tendría sentido. Una vida eterna sería siempre, y el siempre se transformaría en nunca. Si tengo la opción de hacer las cosas mañana, las dejaré para mañana. En un paradigma del siempre se transformaría en nunca.
¿Cual son los juegos de ordenador que gustan? los que tienen un final, un ganador, un tiempo…¿alguien jugaría a un juego sin final? ¿O vería una serie eterna? Se perdería la emoción. Se perdería la urgencia, el compromiso real, valores en las decisiones, no habría intensidad moral.
La La muerte es un límite preestablecido, no importa por qué ni quien, debe haber un límite para que haya un sentido y empuje a las personas a aprender y a aprovechar la vida. La vida eterna daría lugar a un siempre, y ante la posibilidad de poder hacer algo siempre se antepondría el nunca, porque siempre podré hacerlo y al final nunca lo hado.
Entendí, juro que desde que tenía 3 años, entendí la pregunta que me atormentaba. Entendí el universo, pero no desde un punto lógico, entendí el universo desde un sentimiento. Había ascendido un escalón de la escalera.
No quería preguntar más cosas, entendí que el protagonista de un cuento no debe preguntarse si el cuento es real o no. Más bien seguir el cuento y entender la moraleja del cuento. Entendí que el vinculo del amor es más fuerte que el dolor y que en sus últimos momentos el gato espero a sentirse arropado. Un gato enfermo tiene moraleja que enseñar, por tanto, la vida más diminuta vale la pena y tiene algo que enseñar. El pudiera o pudiese solo da lugar a preguntas circulares. Esfuérzate, no lo dejes para mañana, igual no hay un mañana. Ama, da igual si te encariñas o no pero ama, se ha muerto has sufrido y podrías haber amado mucho más. Disfruta del momento y no tengas miedo a amar. El dolor, la pena, la lastima no hay que tenerles miedo, son un medio que hace evolucionar a la persona.
El gato atravesó mi estructura sin romperla. Porqué yo siempre hubiese funcionado así:
- Si me hablan desde la razón : analizó.
- Si me hablan desde la autoridad : me cierro.
- Si me hablan desde lo espiritual : me alejo.
- Si alguien intenta “consolarme” : levanto las defensas.
- Si alguien intentaba entrar : lo filtraba.
Pero un ser pequeño, débil, silencioso, sin juicio, sin lenguaje, sin expectativa…
ese sí podía entrar.
Entró sin pedir permiso, sin explicarte nada, sin buscar convencerme, sin teoría.
Solo existió en mi vida.
Y al irse, abrió la puerta que llevaba décadas intentando abrir con la mente.
El entendimiento se hizo en mi, mi estructura mental se quebró y en ese preciso instante me conecte con el todo. Sentí todo. Y es complicado explicar con palabras.
Es como un ejercicio de matemáticas que no entiendes, culpas al mundo, a que la profesora explica mal, que soy tonto y de repente lo entiendes. Da igual sin cambian el enunciado. Se hacerlo.
Entiendo la muerte como el límite, entiendo el sufrimiento como aprendizaje y como medio, entiendo el alma como transmisor hacia otro plano y entiendo el amor, amistad etc. como los valores definidos para aprender.
Sentí las conexiones del todo, cada elemento estaba conectado, sentí la claridad estable.
No tengo la necesidad de preguntar más, no lo puedo razonar, pero lo siento. La vida es un aprendizaje, una simulación donde tu encajas desde el punto de vista espiritual con el todo, si así lo quieres. Aprendes y te marchas. FIN. ¿A donde? Da igual no quiero preguntar que pasa con el protagonista. Está ahí, tiene la moraleja.
Entendí que quería ser más, no se explicarlo. Pero al mismo tiempo sé que lo soy. Es complicado porque es una conexión con el todo que se basa en el sentimiento y eso quiero sentir. Sentir con el resto. Aprender, amar, disfrutar, vivir. Y cuando llegue el sufrimiento, sufrirlo. Interiorizarlo y aprender de el. Cuando llegue la muerte no la mirare con miedo y desconcierto. La veré como límite, y como estructura, y no como final sino como proyección.
Me conecte con el todo, era uno pero al mismo tiempo parte de todo. Un átomo que formaba la leche, era individual, pero al mismo tiempo formaba parte de algo. Seguía siendo átomo, pero entendiendo la estructura de la leche desde dentro.
¿Y qué era todo aquello? Da igual, lo sé sin razonar, sin palabras mi corazón estaba en calma es un momento de lucidez que el dolor intenso había generado en mí. No es replicable, sentí tanto dolor que abrió un plano en mi mente donde entendí como funcionaba todo, la estructura por decir algo.
Al día siguiente volvió el dolor, pero esta vez no lo combatí, lo acepté, lo sentí. Sabia donde estaba. Ahí, en el pecho, dolía también en el cuello. Lo tenía identificado y de repente en mi mente apareció la imagen de un amigo sufriendo lo mismo que yo y que le daba un abrazo y le decía:
- Se que hay dolor, siéntelo. ¿Lo tienes? ¿Sabes dónde está? Pues mira hacía arriba.
Ahí sentí que ese amigo era también yo mismo y apareció algo central en ese “arriba”, un sitio que al mismo tiempo carece de lugar, una luz que no era luz, era algo que explicaba al mismo tiempo que entendía. Era uno, pero al mismo tiempo parte de todo. Era entendimiento. Podía ver gente que no tenían formas como tal y que estaban sintiendo lo mismo en ese momento. Sentía las conexiones cual hilos, entre todo y entre todos. Las conexiones parecían flujos de aire conectados entre determinadas cosas y que se mueven, incluso tienen cierta luz, pero no igual. Esas conexiones existen en menor medida entre otros seres y puede que hasta fuesen objetos. No era importante en ese momento, ni es una realidad mía, es una realidad conjunta. Esa luz que no es luz, se podría explicar también como una madre cuando se une con su hijo. Algo como que en si misma tiene vida, pero al mismo tiempo tiene muchas vidas, es un organismo perfecto diría. Se representa como algo en la parte de arriba pero no arriba literal, más bien superior. Y que conecta con todo, lo ve todo, lo siente todo.
Yo soy como un punto en ese camino que siente el dolor y que parece como que rasgo esa corteza y me conecta directamente con ella, lo puedo ver y sentir. Es como el comienzo y el final, pero al mismo tiempo sé que no debo de estar ahí. El dolor rompe esa barrera y con ese dolor provoca luz, cual interruptor y prende la luz, pero en ese caso rompe como una especie de tejido y hace que me conecte a ella y al mismo tiempo a todo.
Ha pasado unas horas y esa sensación se ha ido disipando, siento pena y dolor por el gato, pero entendí que ni siquiera ponerle nombre no me protege del dolor, no ame al 100% por evitar el dolor y ni ame ni evité el dolor. Hoy por hoy, no soy el mismo, escribí una carta a mis seres queridos pidiéndoles perdón porque así me lo decía mi corazón, diciéndole que los quería. Mi mujer me dijo que había perdido el brillo y que deje nuestro amor de lado por miedo a que ella me hiera, con mis mil miedos. Lo más curioso fue, que cuando entendí todo, esa misma tarde me dijo: David, estás diferente. Y así era. No soy el mismo desde entonces, aprendí que debo seguir el cuento para encontrar la moraleja y luego volveré al todo. No sé como funciona el universo y si yo lo hubiese diseñado lo haría así, para que los protagonistas no logren ver la trama final. Si hubiese querido entrar en alguien como yo, lo hubiese hecho así, a través del gato con esas características tan claras.
Hoy me siento en paz, entiendo las cosas y siento las conexiones, cual luces de diferentes colores. Yo era un rojo y ahora soy un blanco. Pego con más gente y siento que la gente pega más conmigo. Mis relaciones son más sanas y mi corazón se siente bien. Disfruto cada momento con mi hijo, mi perro, mi mujer, mis amigos, mi familia y mis gatos. Mi vida tuvo cambios muy significativos: Fui sincero esa semana con mi jefa y entendió que no quería ir a la cena de empresa, cuando antes me hubiese presionado y yo hubiese inventado. Mi perro cuando le acaricio no deja de mirarme a los ojos antes me apartaba la mirada. Un amigo al día siguiente por whatsapp me contó que estaba pasando un mal momento, y llevaba mucho tiempo en esa situación, pero ahora me lo estaba contando. Soy otro, de eso no tengo dudas.
La teoría del cuento (como he decidido llamarla) no importa si el cuento es real o no. Solo haz que la vida sea tan atractiva, que quieras volver a leer el cuento antes de que hubiese acabado.
En enero de 1994, casi no había cumplido 4 años y mi bisabuelo, el abuelo viejo, falleció. Le tenía un tremendo aprecio. Era una persona significativa en la familia y el cariño de todos por lo sufrido y trabajado era reconocido cuanto menos.
Mi padre fue al entierro y mi madre, embarazada de unos pocos meses, se quedó conmigo. Aún recuerdo la conversación y mis preguntas insistentes:
- ¿Por qué no le podré volver a ver más? ¿Pero dónde está el cielo?
Y mi madre, como era normal, intentaba tirar balones fuera como podía.
Pasaron unos años y cerca de los años 2000, mi padre y mi tío me llevaron a una iglesia visigótica fuera se enterraron restos humanos y alguna vez se podía ver alguno. Mi padre cerca de una de las esquinas que daban al camino, empezó a sacar una mandíbula. Recuerdo que pregunté por aquello:
- ¿Por qué eran hombres? ¿Qué había sido de ellos? ¿Por qué los mataron? ¿Por qué existe la muerte?
Ninguno de los allí presentes me dio una respuesta convincente. Salvo atribuirlo a actos divinos. Desde esa noche hasta 2004, no volví a dormir solo. En el salón mientras mis padres veían la tele, con mi madre, con la luz dada escuchando la televisión de mis padres.
Sentía pavor a la muerte y no había nadie en su sano juicio que podía contentarme.
Ya en la adolescencia, recuerdo preguntas al profesor de religión y como a los profesores de filosofía los retaba en sus argumentos sobre la muerte. No estaban convencidos de lo que habían estudiado. Y yo eso lo sabía.
Pero no era algo, que mejorase un aspecto positivo de mi mismo, ni siquiera una condición de mi persona. La duda empezó a enquistarse y fue cuando tuve los primeros contactos con la muerte cuando la ira empezó a hacerse paso en mí.
Cuando mi tío falleció y vi a mi madre destrozada en la cama, la ira me daño tanto que cerro en mis las puertas del cariño y del amor. La muerte era inevitable e inentendible y, por tanto, decidí que el amor y el cariño eran consecuencia del dolor cuando llegaba la muerte.
Me convertí en implacable, en un ser que exigía a los demás ser fuertes para no sufrir. Una persona sin sentimiento alguno, que mordía, realista y pragmático.
No olvidaba mi pregunta sobre la muerte y no entendía por qué nadie investigaba la muerte a fondo:
- ¡Si es lo más importante! Llevan planeando tanto un día festivo y no se preguntan donde van a pasar la eternidad.
Pasaron lustros y me hice implacable, mido 1,90 tengo una espalda tremenda, también un IQ alto. Era implacable, un profesor en cada conversación y un pesado que daba vueltas a lo de siempre, implacable e infundía en depende quien miedo. Era un monstruo que hacía daño a los de su alrededor y a mí mismo.
También era alguien con valores y un tremendo respeto al mundo animal. En el 2021 adopte una gata preñada que dio lugar a varios gatos. Uno de ellos lo mato un perro y me dolió en el alma. Preparé una caseta, un recinto vallado a modo de gatera lo cerré, les ponía de comer a disposición, agua a disposición y cambiaba los areneros cada 3 días.
Pero uno de los gatos nació enfermo, no engordaba, no cambiaba de pelaje…primero tuvo conjuntivitis que conseguí erradicar, llame a un veterinario le pincho antibiótico y concluyo, tampoco sin mucha prueba, que era algo autoinmune.
Tres años y medio tenía cuando la nevada llego y me le encontré medio moribundo orinando, y decidí llevármelo a casa para que se recuperase.
Murió. Le estuve dando un día agua cada 3 horas y comida, pero su sistema neurológico hacía que se cayese. Me oía y maullaba, me veía y me reconocía.
Le di la última toma de agua a las 00:00 del sábado 22 de noviembre del 2025, y la anterior a las 22:00 horas. Me miró me reconoció, perdió su mirada y no volvió a pestañear. Le deje en su cama y no volvió a moverse. Había esperado a verme para morir.
En ese preciso instante mi mundo se rompió.
Dolor, juro que el dolor era pate de mi, puro dolor era lo que sentí y este fue el principio de la teoría del cuento.
Al principio sentí un dolor punzante, tanto que mi mundo se cayó. Le había fallado me había fallado, me inundaron los pudiera o pudiese, si el hubiera o hubiese hecho. CULPA. MUCHA CULPA.
El dolor, la culpa me hicieron buscar por internet la teoría, el por qué a la muerte, y lloré. Juro que lloré por todo en general, por la vida de enfermedad que le había tocado, porque me había esperado y quería morir con algún conocido. Por todo. El dolor me hacía daño, no era ya dolor había superado mi persona.
Lo último que leí, fue un: la muerte es un límite. Y ahí entendí. No puedo explicar que pasó, tampoco que es lo ocurrido, pero juro que entendí todo. Como si se revelarán las paginas del libro. Un sentimiento recorrió mi cuerpo y entendí. No sé explicar muy bien lo ocurrido, solo se que lo entendia. Seguía doliendo mucho pero lo entendia:
- El universo físico es donde se desarrolla el cuento. Con sus leyes físicas, biológicas etc. donde la ciencia tiene explicación matemática a todo lo acontecido. Es tangible y es real.
- La vida es la esencia del mismo universo. Nosotros, la gente somos los personajes del cuento. Existimos, vivimos y estamos conectados con todo.
- El dolor es el medio. Sin el la conexión o la compasión profunda no pueden sentirse en toda su intensidad, porque seguirían filtrados por miedo, orgullo o hábitos mentales. Es difícil de explicar, pero sin el dolor a la perdida de un ser querido no entiendes lo verdaderamente importante que era para ti. Lo podías querer mientras vivia, pero no era tan importante hasta que lo pierdes y te das cuenta, ahí entra el dolor como medio.
- Los valores como el amor son los valores a aprender, pero en su pureza máxima. No es el amor o el estar enamorado. Hablo del amor como la experiencia a aprender desde su forma más pura. Es difícil de explicar porque es un sentimiento, si el estar tremendamente enamorado tendría un valor de 1 a lo que me refiero con el amor puro es infinito. Ese amor es algo que trasciende en el tiempo en la forma en el espacio. Es la fuerza que hace que todo sentido, un hilo que une lo temporal con lo eterno, lo individual con el todo. No es algo puntual y pasajero.
- El núcleo es lo trascendental, donde se almacena toda esa información y que trascenderá. Un almacén de experiencias, aprendizajes sentimientos etc. Todo lo vivido va a ese núcleo la matriz del ser y de todo lo que tiene sentido profundo.
¿Y la muerte?
La muerte es el límite del todo. Sin ella nada tendría sentido. Una vida eterna sería siempre, y el siempre se transformaría en nunca. Si tengo la opción de hacer las cosas mañana, las dejaré para mañana. En un paradigma del siempre se transformaría en nunca.
¿Cual son los juegos de ordenador que gustan? los que tienen un final, un ganador, un tiempo…¿alguien jugaría a un juego sin final? ¿O vería una serie eterna? Se perdería la emoción. Se perdería la urgencia, el compromiso real, valores en las decisiones, no habría intensidad moral.
La La muerte es un límite preestablecido, no importa por qué ni quien, debe haber un límite para que haya un sentido y empuje a las personas a aprender y a aprovechar la vida. La vida eterna daría lugar a un siempre, y ante la posibilidad de poder hacer algo siempre se antepondría el nunca, porque siempre podré hacerlo y al final nunca lo hado.
Entendí, juro que desde que tenía 3 años, entendí la pregunta que me atormentaba. Entendí el universo, pero no desde un punto lógico, entendí el universo desde un sentimiento. Había ascendido un escalón de la escalera.
No quería preguntar más cosas, entendí que el protagonista de un cuento no debe preguntarse si el cuento es real o no. Más bien seguir el cuento y entender la moraleja del cuento. Entendí que el vinculo del amor es más fuerte que el dolor y que en sus últimos momentos el gato espero a sentirse arropado. Un gato enfermo tiene moraleja que enseñar, por tanto, la vida más diminuta vale la pena y tiene algo que enseñar. El pudiera o pudiese solo da lugar a preguntas circulares. Esfuérzate, no lo dejes para mañana, igual no hay un mañana. Ama, da igual si te encariñas o no pero ama, se ha muerto has sufrido y podrías haber amado mucho más. Disfruta del momento y no tengas miedo a amar. El dolor, la pena, la lastima no hay que tenerles miedo, son un medio que hace evolucionar a la persona.
El gato atravesó mi estructura sin romperla. Porqué yo siempre hubiese funcionado así:
- Si me hablan desde la razón : analizó.
- Si me hablan desde la autoridad : me cierro.
- Si me hablan desde lo espiritual : me alejo.
- Si alguien intenta “consolarme” : levanto las defensas.
- Si alguien intentaba entrar : lo filtraba.
Pero un ser pequeño, débil, silencioso, sin juicio, sin lenguaje, sin expectativa…
ese sí podía entrar.
Entró sin pedir permiso, sin explicarte nada, sin buscar convencerme, sin teoría.
Solo existió en mi vida.
Y al irse, abrió la puerta que llevaba décadas intentando abrir con la mente.
El entendimiento se hizo en mi, mi estructura mental se quebró y en ese preciso instante me conecte con el todo. Sentí todo. Y es complicado explicar con palabras.
Es como un ejercicio de matemáticas que no entiendes, culpas al mundo, a que la profesora explica mal, que soy tonto y de repente lo entiendes. Da igual sin cambian el enunciado. Se hacerlo.
Entiendo la muerte como el límite, entiendo el sufrimiento como aprendizaje y como medio, entiendo el alma como transmisor hacia otro plano y entiendo el amor, amistad etc. como los valores definidos para aprender.
Sentí las conexiones del todo, cada elemento estaba conectado, sentí la claridad estable.
No tengo la necesidad de preguntar más, no lo puedo razonar, pero lo siento. La vida es un aprendizaje, una simulación donde tu encajas desde el punto de vista espiritual con el todo, si así lo quieres. Aprendes y te marchas. FIN. ¿A donde? Da igual no quiero preguntar que pasa con el protagonista. Está ahí, tiene la moraleja.
Entendí que quería ser más, no se explicarlo. Pero al mismo tiempo sé que lo soy. Es complicado porque es una conexión con el todo que se basa en el sentimiento y eso quiero sentir. Sentir con el resto. Aprender, amar, disfrutar, vivir. Y cuando llegue el sufrimiento, sufrirlo. Interiorizarlo y aprender de el. Cuando llegue la muerte no la mirare con miedo y desconcierto. La veré como límite, y como estructura, y no como final sino como proyección.
Me conecte con el todo, era uno pero al mismo tiempo parte de todo. Un átomo que formaba la leche, era individual, pero al mismo tiempo formaba parte de algo. Seguía siendo átomo, pero entendiendo la estructura de la leche desde dentro.
¿Y qué era todo aquello? Da igual, lo sé sin razonar, sin palabras mi corazón estaba en calma es un momento de lucidez que el dolor intenso había generado en mí. No es replicable, sentí tanto dolor que abrió un plano en mi mente donde entendí como funcionaba todo, la estructura por decir algo.
Al día siguiente volvió el dolor, pero esta vez no lo combatí, lo acepté, lo sentí. Sabia donde estaba. Ahí, en el pecho, dolía también en el cuello. Lo tenía identificado y de repente en mi mente apareció la imagen de un amigo sufriendo lo mismo que yo y que le daba un abrazo y le decía:
- Se que hay dolor, siéntelo. ¿Lo tienes? ¿Sabes dónde está? Pues mira hacía arriba.
Ahí sentí que ese amigo era también yo mismo y apareció algo central en ese “arriba”, un sitio que al mismo tiempo carece de lugar, una luz que no era luz, era algo que explicaba al mismo tiempo que entendía. Era uno, pero al mismo tiempo parte de todo. Era entendimiento. Podía ver gente que no tenían formas como tal y que estaban sintiendo lo mismo en ese momento. Sentía las conexiones cual hilos, entre todo y entre todos. Las conexiones parecían flujos de aire conectados entre determinadas cosas y que se mueven, incluso tienen cierta luz, pero no igual. Esas conexiones existen en menor medida entre otros seres y puede que hasta fuesen objetos. No era importante en ese momento, ni es una realidad mía, es una realidad conjunta. Esa luz que no es luz, se podría explicar también como una madre cuando se une con su hijo. Algo como que en si misma tiene vida, pero al mismo tiempo tiene muchas vidas, es un organismo perfecto diría. Se representa como algo en la parte de arriba pero no arriba literal, más bien superior. Y que conecta con todo, lo ve todo, lo siente todo.
Yo soy como un punto en ese camino que siente el dolor y que parece como que rasgo esa corteza y me conecta directamente con ella, lo puedo ver y sentir. Es como el comienzo y el final, pero al mismo tiempo sé que no debo de estar ahí. El dolor rompe esa barrera y con ese dolor provoca luz, cual interruptor y prende la luz, pero en ese caso rompe como una especie de tejido y hace que me conecte a ella y al mismo tiempo a todo.
Ha pasado unas horas y esa sensación se ha ido disipando, siento pena y dolor por el gato, pero entendí que ni siquiera ponerle nombre no me protege del dolor, no ame al 100% por evitar el dolor y ni ame ni evité el dolor. Hoy por hoy, no soy el mismo, escribí una carta a mis seres queridos pidiéndoles perdón porque así me lo decía mi corazón, diciéndole que los quería. Mi mujer me dijo que había perdido el brillo y que deje nuestro amor de lado por miedo a que ella me hiera, con mis mil miedos. Lo más curioso fue, que cuando entendí todo, esa misma tarde me dijo: David, estás diferente. Y así era. No soy el mismo desde entonces, aprendí que debo seguir el cuento para encontrar la moraleja y luego volveré al todo. No sé como funciona el universo y si yo lo hubiese diseñado lo haría así, para que los protagonistas no logren ver la trama final. Si hubiese querido entrar en alguien como yo, lo hubiese hecho así, a través del gato con esas características tan claras.
Hoy me siento en paz, entiendo las cosas y siento las conexiones, cual luces de diferentes colores. Yo era un rojo y ahora soy un blanco. Pego con más gente y siento que la gente pega más conmigo. Mis relaciones son más sanas y mi corazón se siente bien. Disfruto cada momento con mi hijo, mi perro, mi mujer, mis amigos, mi familia y mis gatos. Mi vida tuvo cambios muy significativos: Fui sincero esa semana con mi jefa y entendió que no quería ir a la cena de empresa, cuando antes me hubiese presionado y yo hubiese inventado. Mi perro cuando le acaricio no deja de mirarme a los ojos antes me apartaba la mirada. Un amigo al día siguiente por whatsapp me contó que estaba pasando un mal momento, y llevaba mucho tiempo en esa situación, pero ahora me lo estaba contando. Soy otro, de eso no tengo dudas.
La teoría del cuento (como he decidido llamarla) no importa si el cuento es real o no. Solo haz que la vida sea tan atractiva, que quieras volver a leer el cuento antes de que hubiese acabado.
